la bayas Anti-Aging del Tibet
El Goji (Lycium barbarum) tiene una larga historia de uso en la medicina tradicional China. Goji es un arbusto que alcanza los 5 metros de altura; tiene ramas espinosas y hojas alargadas; flores de color rosado o violeta y el fruto es una baya ovoide de color rojo o anaranjado y crece en los valles soleados de las montañas tibetanas. Los monjes del Tíbet valoran el Goji como fruta de salud y vitalidad, le atribuyen efectos de alargar la vida y el bienestar, por lo cual la llaman también “la baya feliz”.
Estudios recientes confirman los efectos positivos del Goji como un regalo de la naturaleza. Las bayas de Goji son ricas en polisacáridos, flavonoides, carotenoides (luteína y zeaxantina), Vitamina C y algunas del complejo B, varios monosacáridos y 17 aminoácidos (entre ellos L-arginina y glutamina), ácidos grasos Omega 3 y 6, 21 minerales entre los que se destacan hierro, zinc, calcio y fósforo, entre muchas otras sustancias activas. Las cuales ejercen una acción reparadora del organismo interviniendo en muchos procesos vitales en nuestro cuerpo. Incomparable a cualquier otra planta conocida. Destaca su contenido alto de luteína, zeaxantina y beta-carotina importantes para la salud de los ojos y la vista.
Las bayas de Goji debido a su contenido extraordinario de antioxidantes contribuyen de forma importante a la protección celular, incrementan la energía y la fuerza, especialmente cuando el organismo lucha contra la enfermedad y protege el organismo del envejecimiento prematuro.
Consumir diariamente una o dos cucharas de la baya de Goji es suficiente para beneficiarse de sus nutrientes. Las bayas de Goji orgánicas, una vez recolectadas se han dejado secar cuidadosamente al sol para mantener todas sus sustancias valiosas. Tienen un sabor intenso a fruta, no muy dulce e ideal para mezclar con yogurt, musli o comer entre las comidas.